1 de septiembre de 2013

Franz Kafka / Da vergüenza decir con qué medios gobierna el coronel imperial....

Brod y Kafka en la playa

...nuestra pequeña ciudad de montaña. Sus escasos soldados podrían ser desarmados en el acto si quisiéramos, y si el coronel quisiera pedir refuerzos aunque ¿cómo?, estos tardarían días y hasta semanas en llegar. ¿Por qué toleramos, pues, su detestado gobierno? No cabe la menor duda: sólo por su mirada. Cuando uno entra a su despacho, que un siglo atrás servía de sala de reuniones a nuestros senadores, lo encuentra sentado en el escritorio con uniforme y con pluma en mano. No le gustan las formalidades ni hacer comedia, de modo que no sigue escribiendo ni hace esperar al visitante, sino que interrumpe su trabajo en el acto y se reclina, siempre aferrado a la pluma. Reclinado, se queda mirando al visitante, con la mano izquierda en el bolsillo del pantalón. El solicitante tiene la impresión de que el coronel ve algo más que solamente a él, un desconocido que por un momento ha surgido de la multitud, puesto que, de no ser así ¿por qué lo miraría el coronel con tanta atención, tanto tiempo y sin decir palabra? De hecho, no se trata de la mirada aguda, penetrante, la mirada con que se observarían, por ejemplo, los movimientos de una muchedumbre en la lejanía. Y esta prolongada mirada va acompañada sin cesar por una sonrisa indeterminada que parece ora irónica, ora evocadora de un recuerdo ensoñado.

1920

Extraído de Escritos y Fragmentos póstumos. Ed. Debols!llo.
Traducción: Juna José del Solar, Juan Parra Contreras y Adan Kovacsics.

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