30 de mayo de 2015

Colectivo A/traverso / Radio Alice






Lenguaje sucio para el movimiento


Cuando se nos arrojó la acusación de obscenidad estábamos un poco desconcertados. Habíamos pensado en muchas posibles acusaciones: estación pirata, saboteadores, comunistas, subversivos, pero ésta no la habíamos anticipado. No obstante se trata de algo propio y natural. El lenguaje, cuando es liberado de las sublimaciones que lo reducen al código y hace hablar al deseo y al cuerpo, es obsceno (literalmente: obsceno).

El cuerpo, la sexualidad, el deseo de quedarse dormido en la mañana, la liberación del trabajo, la posibilidad de estar abrumado, de hacerse improductivo y de abrirse a la comunicación táctil, decodificada: por siglos todo esto ha sido escondido, sumergido, negado, retractado. Vade Retro, Satanas. 

El chantaje de la pobreza, la disciplina del trabajo, del orden jerárquico, el sacrificio, la patria, la familia, los intereses generales, el chantaje socialista, la participación: todo aquello ahogó la voz del cuerpo. Todo nuestro tiempo, por siempre y para siempre, dedicado al trabajo. Ocho horas de trabajo, dos horas de transporte, y, después, descanso, televisión, y cena con la familia.

Todo aquello que no esté confinado dentro de los limites de ese orden es obsceno. Afuera huele a mierda. 

Todo lo "no declarado" está emergiendo: de los Cantos de Maldoror a la lucha por reducir el horario de trabajo. Habla en la Comuna de París y en la poesía de Artaud, habla en el surrealismo y en el mayo francés, en el otoño italiano y en la liberación inmediata; habla a través de los ordenes separados en el lenguaje de la rebelión. Al deseo se le da la voz y para ellos es obsceno.

La voz de aquellos hechos a un lado

Alicia mira a su alrededor, juega, salta, pierde su tiempo en medio de papeles iluminados por el sol, se adelanta y se instala en otra parte.

Y sin embargo todo funciona en el orden del discurso.

El discurso conecta, explica, no permite interrupciones, organiza, participa, arroja reprimendas...

Como una invitación a hablar contigo sobre tu trabajo donde no se te ofrece nada de comer. 

Silencio.

El sujeto ha cambiado.

Jadea, silba, no creas que tienes la razón.

El silencio, lo ominoso, lo "no declarado," eso que permanece a la espera de ser dicho, atemoriza.

En el programa, titulares tan densos, tanto como en un periódico. Media hora con tu Carlo... cachete a cachete con la gente... Todo ese Jazz... 1, 2, 3 el boletín puntual.

Alicia silba, grita, contempla, se interrumpe, tira.

Ve a decirle que es primavera.

Hemos recibido una llamada telefónica del Instituto Tecnológico: "Hemos ocupado la oficina del presidente y llamamos de su teléfono, escuchen como grita... Quería imponernos un voto a mano alzada que después les metería por el culo."

Es mejor así.

El discurso del orden del deseo de poder
o el poder del deseo contra el orden del discurso.

¿Radio para participantes
o radio para lo ominoso?

En el primer caso el lenguaje es unívoco: el del que anuncia, y que anuncia que un evento ha sucedido. Ellos hablan de algo que significa otra cosa y que por tanto no puede ser jamás apropiado, porque está terminado.

Un espejo

En este sentido, los intentos de imitación son patéticamente ridículos: los dialectos y los acentos no son tolerados. En el segundo caso algo sigue escapando del lenguaje. Esto es manifiesto en un arrebato de risa, palabras suspendidas, la palabra que no puede ser encontrada y que se rehúsa a ser cambiada por otra, tartamudeante, silencio.

Bien, "hablemos de lo ominoso".

Uno no puede pasar de un discurso a otro (de dentro de la radio italiana a fuera de la radio italiana).

¿El sujeto cambia? El nuevo sujeto es colectivo y no habla.

O habla cuando quiere.

Silencio: un agujero.

Dejemos que los agujeros crezcan, no temamos a los orificios, caigamos en ellos y pasemos a otra parte.

El país de las maravillas.

Otra llamada telefónica directa:

"Somos trabajadores en huelga, queremos que pongan un poco de música y queremos hablarles del horario semanal de 35 horas, es hora de que se mencione esto en los contratos".

Otra llamada telefónica directa:

"Sucios comunistas, vamos a hacerles pagar caro por esta estación de radio, sabemos quienes son".

Otra llamada directa:

"Somos del comité antifascista del Hospital Rizzoli, no se preocupen por nada, y llámenos si algo sucede, estamos aquí día y noche."

Rompe el ciclo de valorización del capital en el proceso de circulación del valor-signo (no más apropiación de mercancías para interrumpir el ciclo A-M-A', sino una huelga salvaje en la circulación de un único signo-valor A-A').

Interrumpe el lenguaje de las máquinas, la ética del trabajo y de la productividad.

"Una invitación a no levantarse esta mañana, quedarse en cama con alguien más, construir instrumentos musicales y artefactos de guerra para usted mismo."

Gris, obtuso, peligroso

Grises son los abrigos de los policías que han encarcelado al camarada Bifo, grises son sus instrumentos de la muerte. Gris es la prisión donde ha sido encerrado, grises son las zonas residenciales, grises son las calles del distrito de negocios. Obtuso es el alguacil que sostiene las capuchas de sus colegas mientras husmean en las pertenencias del camarada, obtuso es el policía que por tres meses grabó las llamadas telefónicas (¿qué habrá hoy para cenar?, hagamos esto juntos), obtusa es la televisión. Peligrosos son los órganos represivos, peligrosos por el reciente modelo de arma ametralladora, peligroso es el juez que primero arresta y después busca pruebas. Peligrosos son los caminos y las cuadras infestadas con los ángeles de la muerte de un sistema cada vez más minoritario, peligrosas son las fábricas y los astilleros, peligroso decidir si permitir o no a un niño ver la luz del día.

Gris, obtuso y peligroso, quieren imponer su escala sobre el mundo; gris, obtuso, peligroso.
La sociedad totalitaria del capital vive en la repetición monótona de lo existente. Sirve a los propietarios, los policías, los jueces. Ninguno de ellos es indispensable a la estructura a la que ellos sirven.

Hacen de la vida de mierda el único modelo posible de vida.

Pero el comunismo es joven y bello.

COMUNICADO No.— desde la prisión San Giovanni in Monte, 3/20/76. Me arrestaron el día quince, con ametralladoras en mano, en la casa en que dormía con mis camaradas. Primero me acusaron de pertenecer a las Brigadas Rojas. En el lapso de dos días esta acusación se volvió tan ridícula que tuvieron que inventar otra. Así que me acusaron de ser el organizador ideológico de de una serie increíble de tramas criminales sucedidas en Boloña en los meses pasados

No existía ni la más mínima prueba de estas actividades subversivas que se supone eran mías. Tratan de dar una apariencia reconocible al incomprensible (para el Poder) curso de liberación localizado en el espacio de la separ/acción, de la idiferenci/acción que construye espacios liberadores y momentos de transformación colectiva de la existencia.

Pero entonces que lo digan claro:

La práctica de la felicidad es subversiva cuando deviene colectiva.

Nuestra voluntad de felicidad y liberación es su terror, y ellos reaccionan aterrorizándonos con la prisión, cuando la represión del trabajo, de la familia patriarcal y el sexismo no son suficientes.

Pero entonces que lo digan claro:

Conspirar significa respirar juntos.

Y eso es de lo que se nos acusa, quieren impedir que respiremos porque nos hemos rehusado a respirar en aislamiento, en sus lugares asfixiantes de trabajo, en sus relaciones familiares individualizantes, en sus casas atomizantes.

Hay un crimen, lo confieso, que he cometido:

Se trata del ataque contra la separación de la vida y el deseo, contra el sexismo en las relaciones inter-individuales, contra la reducción de la vida al cobro de un salario.

Pero entonces que lo digan claro:

Es dada lo que aterroriza al gris, lo obtuso, lo peligroso.

Guardianes del orden y de la explotación de la pobreza — para ellos, la escritura transversal que corre a través de los órdenes separados y reúne comportamientos aislados no es más solamente obscena, es un crimen. 

Lo ominoso es lo que me enloquece

Lo que me enloquece es lo ominoso. Bifo, Fontana y Marchi están en prisión. Bifo, Fontana y Marchi siguen en prisión. No hay un solo camarada que no me pregunte, "¿y ahora qué hacemos?" Silencio. Y ellos toman ventaja de nuestro silencio. Un mes ha pasado ya. Pero fue como un mes en la mente de alguien que no piensa: un instante. Un mes ha pasado ya desde el arresto de Bifo y aún no lo hemos sacado de ahí. No hay prueba, todo fue fabricado, lo sabemos. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Y ahora qué hacemos? Tenemos que hacer algo, yo quiero hacer algo, es falso que seamos impotentes frente a estos monstruos, los ángeles de la muerte, lo gris, lo obtuso, lo peligroso, no podré mantenerme en silencio por mucho más tiempo.

Han matado a Mario Salvi en Roma. Silencio.

O bien la cárcel explota o mi cabeza debe explotar. Radio Alice está silenciosa, los camaradas están silenciosos, inventan palabras, las máscaras habituales. No hablan y ni siquiera tienen ideas. Letargo. Estamos ya creando el pequeño ghetto: somos o no somos gatos salvajes corriendo por el pueblo. No les demos dominio total a nuestros carceleros, azoten el corazón del tigre cada día, en todo modo posible, de acuerdo con nuestras diferencias, contra la tristeza y la soledad del confinamiento en las celdas, horas de aire. Esta es una invitación a hablar y a pensar, y a estar siempre presentes en las situaciones en el pueblo, los barrios, las escuelas, las barracas, las fábricas, los caminos, fatiguemos al enemigo, desgastemos al monstruo gigante golpeándolo en todo su cuerpo. No hablemos más de deseo, vamos a desear: estamos deseando máquinas, máquinas de guerra.


26 de mayo de 2015