26 de mayo de 2016

Encuentros sobre la Comuna (31 de mayo-4 de junio de 2016, en la ZAD, Notre-Dames-des-Landes)


En todas partes, un mundo se ha organizado sin nosotros. Fuimos arrojados en él justo cuando comenzaba a derrumbarse. Este mundo obedecía a leyes profundas que nosotros no conocíamos, sobre las cuales no parecíamos tener ningún alcance o influencia, leyes que ellos nombran “economía”. Ante la amplitud del desastre, hemos adquirido la certeza de que hemos heredado solamente ruinas. ¿La sociedad mercantil no pudo dejar más que esto en su último aliento? Nosotros no tenemos nada que perder. Todo debe ser arrojado a la conmoción apasionada de este orden que se acaba. Ha llegado la gran hora de “volver a arrojarnos al asalto del cielo”.
Poco importa si las viejas utopías revolucionarias terminan de descomponerse bajo el efecto conjunto de los tormentos del comunismo de Estado y de la socialdemocracia. El derrumbamiento de todas esas ideologías en absoluto significa el derrumbamiento del devenir revolucionario que éstas se esforzaban en capturar. Al contrario, nos deja el campo libre para reinventarlo todo, para dibujar nuevos horizontes.
En la sucesión de movimientos sociales, de asambleas turbulentas en las ocupaciones, hemos aprendido a organizarnos para tomar la calle, bloquear los ejes de circulación, sabotear los dispositivos que tejen las mallas del poder. Nos hemos vinculado a través de gestos, de encuentros y de amistades, de cajas de huelga o de solidaridad, de recuerdos de lucha o de deseos de revolución. Nos hemos vinculado hasta el punto de batir en brecha la individualidad en la que esta sociedad busca encerrarnos, para forjar destinos comunes.

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